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RAZAS DE PERROS

    El perro en el mundo  
 
           
       
   
INTRODUCCIÓN

El estudio del ADN nos presenta nuevas perspectivas para comprender el proceso de la domesticación del perro (Canis familiaris) y el origen de los perros americanos. Los hombres han convivido con perros en América, como mínimo, desde hace 8 o 9,000 años (1), mucho antes que con cualquier otro animal doméstico. La temprana presencia de los perros en el Nuevo Mundo nos plantea una pregunta: ¿La idea de la domesticación del perro surgió de forma independiente en América? Si este es el caso, implicaría que los perros han debido jugar un papel importante en las sociedades primitivas, ya que también fue la primera especie en ser domesticada en Eurasia. O, por otro lado, ¿la gente que colonizó América ya traía perros consigo? Bajo este escenario, quizás los perros fuesen uno de los factores que facilitaron la migración del hombre a través de Siberia y la colonización del Nuevo Mundo. Dado que el registro arqueológico sugiere que tanto la primera llegada de los humanos a América (2) como la domesticación de los perros en Eurasia (3, 4) fueron casi coincidentes hace unos 14,000 años, este escenario implicaría que el proceso de domesticación tuvo lugar en fechas anteriores a las estimadas con base en restos arqueológicos, o que los perros tendrían que haberse expandido por Europa y Asia hasta América de forma casi instantánea.

MÉTODO

En el presente trabajo discutimos los resultados de varios estudios sobre el origen del perro basados en el análisis de secuencias del ADN mitocondrial (ADNmt). Este ADN no se encuentra en el núcleo de las células (en los cromosomas), si no que se encuentra localizado en la mitocondria, un orgánulo celular. Por ello, se hereda solamente por vía materna como una unidad, sin mezclarse con ADNmt paterno. Esto simplifica tanto el análisis de sus secuencias como la inferencia de relaciones filogenéticas a partir de las mismas. Además, cada célula contiene un elevado número de mitocondrias (desde algunas decenas hasta miles) frente a un solo núcleo. Por tanto, la probabilidad de encontrar ADNmt en restos animales, incluso cuando ha transcurrido un largo periodo desde su muerte, es mayor que la probabilidad de encontrar ADN nuclear. El estudio del ADN procedente de restos antiguos se conoce como “ADN antiguo” y normalmente se centra en el estudio de ADNmt. Las técnicas de la genética molecular diseñadas para el estudio del ADN antiguo permiten aislar y analizar ADN de restos animales de hasta 100,000 años de antigüedad (5), dependiendo siempre del estado de conservación de las muestras.

En un estudio pionero, Vilà et al. (6) estudiaron secuencias del ADNmt de 140 perros de 67 razas y 162 lobos (Canis lupus) de todo el mundo para intentar comprender el proceso de la domesticación. Los autores compararon estas secuencias entre ellas y con las de otro cánido estrechamente emparentado, el coyote (Canis latrans). Todas las secuencias de perros resultaron muy similares a las de los lobos y bien diferenciadas de las de coyotes. Esto indicaba que el lobo es el ancestro del perro. Los autores, al construir un árbol filogenético para comprender como habían evolucionado las secuencias y ver como se relacionaban entre si, encontraron que los perros formaban cuatro clados (grupos que aglutinan las secuencias mas parecidas) dentro de la diversidad genética del lobo (Figura 1). Denominaron a estos clados del I al IV. La mayoría de los perros del estudio presentaban secuencias pertenecientes al clado I.

EL ORIGEN DEL PERRO
Cuando los exploradores europeos llegaron al Nuevo Mundo, encontraron el continente poblado por personas y sus perros. ¿Cual era el origen de esos perros? El ancestro del perro, el lobo, se distribuía de forma natural por toda Europa, Asia y Norte América, y el mismo proceso que condujo a la domesticación del perro en Eurasia pudo tener lugar también en el Nuevo Mundo. Sin embargo, los cuatro clados de perros identificados por Vilà et al. (6) tenían secuencias más cercanas a las de los lobos del Viejo Mundo que a las de los americanos. Esto concuerda con la evidencia arqueológica, que sugiere que el perro fue domesticado en Eurasia (3). Algunos perros de razas americanas como el Husky de Alaska, el Perro Esquimal, el Terranova y el Xoloitzcuintle habían sido incluidos en el estudio. Estos perros compartían haplotipos (secuencias de ADNmt) con otras razas de perros originarias de Europa y Asia y que no eran particularmente afines entre si. Esto indicaba que los perros americanos podrían tener un origen europeo o asiático. Sin embargo, los resultados no eran concluyentes. Pocas razas americanas habían sido incluidas en el estudio y algunas de las analizadas tenían un origen reciente, probablemente a partir de perros recientes de origen europeo (como es el caso del Chesapeake Bay Retriever) o se podían haber cruzado con perros que tenían ancestros euroasiáticos recientes.

EL ORIGEN DE LOS ACTUALES PERROS AMERICANOS

El Xoloitzcuintle, o perro pelón mexicano, posee un largo registro arqueológico en América. Representaciones de este perro han sido encontradas en numerosas figuras de arcilla de Colima (del 250 a.C. al 450 d.C.) en el Oeste de México (7) y existen múltiples restos osteológicos. Se considera que fue protegido de los conquistadores españoles en áreas aisladas debido a su valor religioso (8). Claramente, esta raza estaba presente en América mucho antes que la llegada de los exploradores europeos y sus perros, por lo que debería representar a los perros prehistóricos americanos. Por esta razón, Vilà et al. (9) estudiaron la diversidad genética del Xoloitzcuintle para determinar si existió un proceso de domesticación del perro en América. Para ello utilizaron 19 individuos en los que identificaron siete haplotipos diferentes, pertenecientes a tres de los cuatro clados de perros descritos con anterioridad (Figura 1). Estos haplotipos no estaban estrechamente relacionados entre si, eran similares a los de las razas europeas modernas y no se situaban próximos a los de los lobos americanos. Estos resultados apoyaban la conclusión inicial de que los perros americanos compartían un ancestro común con los euroasiáticos. Sin embargo, se ha demostrado que la ausencia de pelo y la reducción de dentición que caracterizan al Xoloitzcuintle son caracteres dominantes (7). Así, un gran porcentaje de la descendencia de un cruce entre un Xoloitzcuintle y cualquier otro perro mostrará reducción del número de piezas dentales y ausencia de pelo, por lo que podría ser fácilmente confundido con un Xoloitzcuintle puro. Debido a que han transcurrido cientos de años desde la llegada de los conquistadores europeos y sus perros a México, es factible que los perros del Nuevo y Viejo Mundo se hayan mezclando, quizás de forma intensiva. Como resultado de estos cruces podrían haber aparecido individuos con características morfológicas similares a las de los Xoloitzcuintles, por lo que los perros pelones actuales podrían estar genéticamente diferenciados de los antiguos.

El gran número de perros del Viejo Mundo que se ha introducido en América ha podido conducir a una gran mezcla o reemplazo de los perros locales, complicando la comprensión de la historia de la domesticación de los perros americanos. Por este motivo y para realmente comprender el origen de los perros precolombinos, es necesario su estudio directo. Así pues, usando técnicas de ADN antiguo, Leonard et al. (10) analizaron genéticamente restos de 38 perros precolombinos de Iberoamérica (México, Bolivia y Perú) y de 12 perros de Alaska anteriores a la llegada de los primeros europeos. De las 50 muestras estudiadas, sólo 24 estaban suficientemente bien conservadas como para permitir la obtención de ADN. De las 24 muestras analizadas con éxito, 17 poseían haplotipos que nunca antes se habían encontrado ni en perros ni en lobos, y seis presentaban haplotipos previamente descritos para perros europeos. Todos los haplotipos identificados resultaron ser similares a otros de perros y ninguno era cercano a los de los lobos americanos. Esto respalda la hipótesis de un origen común para los perros americanos y euroasiáticos. Por consiguiente, se deduce que los primeros pobladores de América trajeron con ellos perros totalmente domesticados. No se ha hallado ninguna evidencia de domesticación de perros a partir de lobos de Norte América. Aunque los haplotipos encontrados entre los perros americanos pertenecen a los mismos clados que los perros euroasiáticos, algunos de ellos forman un subclado propio dentro del principal (clado a dentro del clado I, Figura 2). Este grupo de haplotipos exclusivo de América indica la presencia y aislamiento de los perros en el Nuevo Mundo durante un largo periodo. El prolongado aislamiento permitió la aparición de un grupo de secuencias (haplotipos) muy similares entre si, pero claramente distinguibles de las de perros de otras partes del mundo.

EL ORIGEN DE LOS PERROS AMERICANOS

Estos estudios corroboran las hipótesis que postulan la domesticación del perro en Eurasia (excluyendo la India, [11]) y que los humanos trajeron perros consigo cuando colonizaron América. Esto implica que los perros fueron domesticados en el Viejo Mundo hace mas de 15,000 años, dando tiempo así a su expansión a través de Eurasia y América. Un escenario alternativo implicaría una rápida expansión de los perros entre grupos humanos prehistóricos a través de continentes. Sin embargo esto contrastaría con la ausencia de transmisión de otros elementos culturales. De cualquier modo, todo indica que los perros acompañaron a los humanos en su expansión por América.

HIBRIDACIÓN
La hibridación entre perros y lobos o coyotes americanos en tiempos prehistóricos y recientes, ha sido sugerida en base a caracteres morfológicos y relatos de los primeros exploradores (12; 11). El estudio genético de los perros americanos no ha mostrado evidencia de hibridación entre perros y cánidos nativos de América (6, 9; 10; sin embargo, ver [13]). Un análisis genético los coyotes del Suroeste de los Estados Unidos mostró evidencias de hibridación entre coyote y una hembra de perro, pero la descendencia del cruce se incorporó a la población de coyotes por lo que no afectó a la población de perros (14). Sin embargo, todos los trabajos a los que aquí se hace referencia están basados en ADNmt, que es heredado exclusivamente por vía materna. De este modo, si la descendencia híbrida del cruce entre un lobo o un coyote macho y una perra ha sido incorporada a la población de perros domésticos, estos estudios no podrían detectarlo. Estudios que incluyan marcadores que se hereden por vía paterna permitirán una visión mas completa del origen de los perros americanos y de las interacciones con otros cánidos americanos.

CONCLUSIONES

Los datos aquí presentados nos indican que los perros fueron domesticados en Europa o Asia (sin incluir la India). No hay ninguna evidencia que nos haga pensar en un proceso de domesticación del perro a partir de lobos americanos o cualquier otro cánido de Norte América. Estos datos también sugieren que los primeros humanos que llegaron a América desde Asia trajeron perros consigo. Los perros que llegaron con estos colonos quedaron aislados de sus parientes del Viejo Mundo, de modo que nuevas secuencias evolucionaron y divergieron a partir de las originales, generando un nuevo sub-clado específico de perros americanos (clado a en la Figura 2). Ninguna de las razas modernas estudiadas es portadora de estas secuencias. Es posible que estos perros fuesen reemplazados por los de los colonos y los de los conquistadores que les precedieron. Sin embargo, también es posible que representantes del clado de los perros americanos pervivan en nuestros días a través de perros americanos sin raza reconocida.

 
 
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